“Amar no es mirarse el uno al otro es mirar juntos en la misma dirección”

Antoine de Saint Exupery

viernes, 17 de febrero de 2012

Para leer en CARNAVAL: Jugar para vivir: ocio y tiempo libre (1)


Jugar es necesario para disfrutar de la vida. Se aprende además a ganar y perder, a usar la imaginación, a estar con los demás...


Hoy, en muchos países, el sistema educativo da a niños y jóvenes cada vez más tiempo libre, de modo que muchos padres son especialmente sensibles a la importancia de esos momentos para la educación de sus hijos. 

Opus Dei - Foto: Seema K K
Foto: Seema K K
En ocasiones, sin embargo, el principal temor es que “se pierda el tiempo” durante los periodos no lectivos. Por eso, muchas familias buscan actividades extraescolares para sus hijos; no es raro que estas posean cierto corte académico –un idioma o un instrumento musical–, que complete sus estudios.
 
EL VALOR DEL TIEMPO LIBRE
El tiempo libre posee unas virtualidades educativas específicas, «potenciar y valorizar el tiempo libre de los adolescentes y orientar sus energías»

En esas horas diarias en las que las obligaciones académicas se interrumpen, en mayor o menor medida, el joven se siente dueño de su propio destino; puede hacer lo que realmente quiere: estar con sus amigos o su familia, cultivar aficiones, descansar y divertirse del modo que más le satisface. 

Opus Dei - Foto: visitflanders
Foto: visitflanders
Ahí toma decisiones que entiende como propias, porque se dirigen a jerarquizar sus intereses: qué me gustaría hacer, qué tarea debería recomenzar o cuál podría aplazar... Puede aprender a conocerse mejor, descubrir nuevas responsabilidades y administrarlas. En definitiva, pone en juego su propia libertad de un modo más consciente. 

Por eso los padres y educadores deben valorizar el tiempo libre de quienes dependen de ellos. Porque educar es educar para ser libres, y el tiempo libre es, por definición, tiempo de libertad, tiempo para la gratuidad, la belleza, el diálogo; tiempo para todas esas cosas que no son “necesarias” pero sin las que no se puede vivir.

Este potencial educativo puede malograrse tanto si los padres se desentienden del ocio de los hijos –siempre que cumplan con sus obligaciones escolares–, como si lo ven solo como una oportunidad de “prolongar” su formación académica. 

En el primer caso, es fácil que los hijos se dejen llevar por la comodidad o la pereza, y que descansen de un modo que les exija poco esfuerzo (por ejemplo, con la televisión o los videojuegos). 

En el segundo, se pierde la especificidad educativa del tiempo libre, pues este se convierte en una especie de prolongación de la escuela, organizada por iniciativa casi exclusiva de los padres. Al final, desafortunadamente, la imagen del vivir que se trasmite es la de una existencia dividida entre obligaciones y diversión. 

Opus Dei - Foto: SaZeOd
Foto: SaZeOd
Conviene, por tanto, que los padres valoren con frecuencia qué aportan al crecimiento integral de los hijos las actividades que realizan a lo largo de la semana, y si su conjunto contribuye de modo equilibrado a su descanso y a su formación.

Un horario apretado significa que el hijo hará muchas cosas, pero quizá no aprenderá a administrar el tiempo. Si se quiere que los hijos crezcan en virtudes, hay que facilitarles que experimenten la propia libertad; si no se les da la posibilidad de elegir sus actividades favoritas, o se les impide en la práctica jugar o estar con los amigos, se corre el riesgo de que –cuando crezcan– no sepan cómo divertirse. En esta situación, es fácil que acaben dejándose llevar por lo que la sociedad de consumo les ofrece.

Educar en el uso libre y responsable del tiempo libre requiere que los padres conozcan bien a sus hijos, porque conviene proponerles formas de ocio que respondan a sus intereses y capacidades, que les descansen y diviertan. 

Los hijos, sobre todo cuando son pequeños –y es el mejor momento para formarles en este aspecto– están muy abiertos a lo que los padres les presentan; y si esto les satisface, se están sentando las bases para que descubran por sí mismos el mejor modo de emplear los tiempos de ocio. 

Evidentemente, esto requiere imaginación por parte de los padres, y espíritu de sacrificio. Por ejemplo, conviene moderar las actividades que consumen un tiempo desproporcionado o llevan al chico a aislarse (como sucede cuando se pasan horas frente al televisor o en internet). Es mejor privilegiar aquellas que permiten cultivar relaciones de amistad, y que le atraen espontáneamente (como suele ser el deporte, las excursiones, los juegos con otros niños, etc.). 

JUGAR PARA CRECER
Pero de todas las ocupaciones que se pueden desempeñar en el tiempo libre, hay una que los niños –y no solo ellos– prefieren sobre las demás: el juego. 

Resulta natural, porque el juego se asocia espontáneamente a la felicidad, a un lugar donde el tiempo no es pesado, a una vivencia abierta a la admiración y a lo inesperado. En el juego uno muestra su identidad más propia: se implica con todo su ser, con frecuencia más incluso que en bastantes trabajos. 

El juego es, ante todo, una prueba de lo que será la vida: es un modo de aprender a utilizar las energías que tenemos a disposición, es un tanteo de capacidades, de lo que podemos realizar. El animal también juega, pero mucho menos que el hombre, precisamente porque su aprendizaje se estabiliza. Las personas juegan durante toda su vida, pues pueden seguir creciendo –como personas– sin limitación de edad. 

La naturaleza humana se sirve del juego para alcanzar el desarrollo y la madurez. Jugando, los niños aprenden a interpretar conocimientos, a ensayar sus fuerzas en la competición, a integrar los distintos aspectos de la personalidad: el juego es un continuo reto. 

Opus Dei - Foto: Andrei!
Foto: Andrei!
Experimentan reglas, que hay que asumir libremente para jugar bien; se marcan objetivos, y se ejercitan en relativizar sus derrotas. No cabe juego al margen de la responsabilidad, de forma que el juego contiene un valor ético, nos ayuda a ser sujetos morales.

Por eso, lo normal es jugar con otros, jugar “en sociedad”. Tan radicado está este carácter social, que incluso cuando los niños juegan solos, tienden a construir escenarios fantásticos, historias, otros personajes con los que dialogar y relacionarse. En el juego los niños aprenden a conocerse y a conocer a los demás; sienten la alegría de estar y divertirse con otros; asimilan e imitan los roles de sus mayores.

Se aprende a jugar, principalmente, en la familia. Vivir es jugar, competir; pero vivir también es cooperar, ayudar, convivir. Es difícil comprender cómo se puedan armonizar ambos aspectos –competir y convivir– al margen de la institución familiar. El juego es una de las pruebas básicas para aprender a socializar. 

En definitiva, el gran valor pedagógico del juego reside en que vincula los afectos a la acción. Por eso, pocas cosas unen de un modo más inmediato a padres e hijos que jugar juntos. Los padres han de ser amigos de sus hijos, dedicándoles tiempo. Ciertamente, a medida que los hijos crecen, habrá que adaptarse.

Pero esto sólo significa que el interés de los padres por el ocio de sus hijos adoptará nuevas formas. Se les puede, por ejemplo, facilitar que inviten amigos a casa, o asistir a las manifestaciones deportivas en las que participan… Iniciativas que, además, permiten conocer a sus amigos, y a sus familias sin dar la errada impresión de que se les quiere controlar, o de que se desconfía. 

También se puede, con la ayuda de otros padres, crear ambientes lúdicos en los que se organicen diversiones sanas, y cuyas actividades se desarrollen teniendo en cuenta la formación integral de los participantes. Hay que hacer lugares en los que se les ayuda a descubrir que hay un tiempo para cada cosa y que cada cosa tiene su tiempo, y que en todas las edades este ambiente les deje un poso en las personas que les rodean. Por ejemplo Clubes Infantiles y juveniles donde los padres están seguros que la diversión de su hijo es la adecuada.

Opus Dei - Foto: NKPhilips
Foto: NKPhilipsAs clubes juveniles son lugares donde se enseña a ser «expertos de humanidad»; por eso, sería una gran equivocación plantear su interés solo en función de los resultados académicos o deportivos que alcanzan.

JUGAR PARA VIVIR
En griego, educación (paideia) y juego (paidiá) son términos del mismo campo semántico. Y es que aprendiendo a jugar se adquiere, a la vez, una actitud muy útil para afrontar la vida.

Aunque parezca paradójico, no sólo los niños tienen necesidad de jugar. Incluso se puede decir que el hombre debe jugar más cuanto más anciano sea. Todos hemos conocido personas a las que la vejez ha desconcertado: descubren que no tienen las fuerzas que tenían antes, y creen que no pueden afrontar los desafíos de la vida. 

Una actitud que, por lo demás, podemos encontrar en muchos jóvenes, ancianos prematuros, que parecen carecer de la flexibilidad necesaria para acometer situaciones nuevas.

Por el contrario, probablemente nos hemos relacionado con personas mayores que mantienen un espíritu joven: capacidad de ilusionarse, de recomenzar, de afrontar cada nuevo día como un día de estreno. Y esto aunque a veces posean limitaciones físicas notables. 

Estos casos ponen de manifiesto que, a medida que el hombre crece, cobra cada vez más importancia encarar la vida con cierto sentido lúdico. Porque quien ha aprendido a jugar sabe relativizar los logros –éxitos o fracasos– y descubrir el valor del juego mismo; conoce la satisfacción que da ensayar nuevas soluciones para ganar; evita la mediocridad que busca el resultado, pero arruina la diversión. Disposiciones que pueden aplicarse a las cosas “serias” de la vida, a las tareas corrientes, a las nuevas situaciones que, abordadas de otro modo, podrían llevar al desánimo o a un sentimiento de incapacidad.

Trabajo y juego tienen sus tiempos diversos: pero la actitud con la que uno y otro se planean no tiene por qué ser distinta, pues la misma persona es quien trabaja y quien juega. 

J.M. Martín y J. Verdiá

Los medios de comunicación y la familia

Los medios, al servicio de la familia ¿Qué imagen de la familia se ofrece en televisión? ¿Puede educar un videojuego? ¿Es posible leer junto a los hijos? El proyecto Family & Media, afronta la relación entre medios de comunicación y familia.

La relación entre los medios de comunicación y la familia es compleja pero a la vez propone desafíos apasionantes: uno de ellos es el modo en que los valores familiares se representan en la esfera pública; otro, el impacto formativo o des-educativo de los contenidos y de los hábitos relacionales que generan en los usuarios.

Para estudiar estos aspectos, realizar propuestas educativas y buscar soluciones a los problemas, se ha constituido un grupo de investigación promovido por profesores de la UP de Roma.

El proyecto, denominado Family & Media, dispone de una página web en tres lenguas (español, inglés e italiano) con artículos muy variados sobre estas temáticas: desde la representación de la familia en la prensa, en el cine, o en la televisión, hasta las implicaciones educativas de los videojuegos. 

La web contiene también reseñas de estudios especializados, artículos o libros de interés para las personas que trabajan en el ámbito de la defensa de la familia o de la educación al uso de los medios de comunicación en el ámbito familiar. Puede visitarse en la dirección: http://www.familyandmedia.eu/es/.

También forman parte de este grupo de investigación profesores de las Universidades de Lugano (Suiza), Navarra (España), Austral y Católica (Argentina), Concepción (Chile) y Sacro Cuore (Milán). 

Todos ellos, además de las actividades de asesoramiento a instituciones en defensa de la familia, proponen artículos para la página web, dirigen tesis doctorales o trabajos de investigación. Algunos de ellos se han ido publicando. Un ejemplo es el reciente volumen con diversos estudios en italiano y castellano titulado “Famiglia e media. Associazioni familiari e comunicazione”. 


viernes, 10 de febrero de 2012

CLAVES PARA UN MATRIMONIO FELIZ



Es una serie de doce impactantes documentales, junto con un original libro. Con un enfoque original e imágenes atractivas, estos documentales, de 12 minutos cada uno, recogen testimonios de más de 30 expertos de los cinco continentes en Orientación Familiar, Teología, Derecho y Ética matrimonial, además de parejas de casados y de novios. Es una coproducción entre Goya Producciones y Editorial Casals. 

DVD-1
1. ¿Conoces a tu pareja?
2. Noviazgo ¿Sin sexo?
3. ¿Matrimonio? ¿Para qué?
4. ¿Puede acabarse el amor?
5. ¿Qué añade el Sacramento?
6. La boda: ¿más que una fiesta?

DVD-2
7. ¿Cómo aman los esposos?
8. ¿Cuántos hijos?
9. ¿Qué tal nos entendemos?
10. ¿Qué peligros nos acechan?
11. ¿Hay felicidad sin valores?
12. ¿Cómo educar a los hijos?

Título Original: SÍ, QUIERO. 
Claves para un matrimonio feliz.
Nº de discos: 2
Duración: 144 min. ( 12 x 12 min.)
Calificación: Recomendada para todos los públicos
Idiomas: Español

lunes, 6 de febrero de 2012

Cómo convertir a un niño en un genio


Como pueden ver últimamente nos ha dado por los libros pero al estar en tiempo de jarana y vacaciones siempre hay más tiempo para leer hoy os traemos unos que dará que hablar y pensar. Que lo disfruten.
Todos los niños tienen dentro de sí el potencial necesario para convertirse en un genio. Sólo hace falta motivarlos de la manera adecuada para que lo desarrollen. Ésta es la tesis defendida por el experto en educación Fernando Alberca, autor del libro 'Todos los niños pueden ser Einstein' que se ha situado en los últimos meses entre los más vendidos en Europa.
Alberca asegura en esta entrevista que el título de su libro "no obedece a ninguna estrategia de márketing", sino que está plenamente convencido de que es posible que un niño se convierta en un genio si se le sabe motivar. Él, cuenta, tiene ocho hijos con edades comprendidas entre los cuatro y los 18 años y la mayor es capaz de leer 296 páginas por hora, es decir, lee un libro de tamaño medio en el mismo tiempo que cualquiera dedica, por ejemplo, a ver el capítulo de una serie en televisión.
"Entre mis hijos no hay ningún súper dotado", puntualiza Alberca, quien aclara que, en el caso de su hija, sí que ha estado estimulada para que sea capaz de alcanzar esa velocidad de lectura. De hecho, está convencido de que hay una causa detrás de cada fracaso escolar, de modo que si a ese niño que saca malas notas se le motiva de la manera adecuada "pasa de un fracaso enorme a sobresaliente".
Fernando Alberca.
Fernando Alberca.
Alberca se refiere a la vida de Albert Einstein para probar que su tesis es cierta. Cuenta que este científico no aprendió a leer hasta los siete años, su madre pensaba que era retrasado mental y su maestra lo calificó como "mortalmente lerdo". Hasta los 15 años, cuando un profesor le pidió su opinión en clase, "no encontró a las personas adecuadas para estimular su inteligencia, su motivación". La genialidad de Einstein, cuenta Alberca, reside en que fue capaz de usar el hemisferio derecho, el más creativo e intuitivo, para resolver problemas propios del hemisferio izquierdo, el más ordenado, el más racional, el más matemático.
"Cuando en un partido de fútbol Messi se adelanta a los otros jugadores nos parece muy brillante, nos parece genial y es porque ha ido un paso por delante al usar el hemisferio derecho". Por este motivo, este profesor señala como fundamental que un niño desarrolle los dos hemisferios cerebrales para desarrollar todo su potencial.
Si embargo, la enseñanza tradicional está diseñada "para desarrollar más el hemisferio izquierdo". "Todas las asignaturas se dividen en trimestres, en lecciones... Lo ordenado", enumera Alberca, para quien también es necesario motivar al hemisferio derecho, "más generalizador y que permite desarrollar la intuición".

Los dos hemisferios

La clave para que un niño desarrolle todo su potencial está, según Alberca, en ver cuáles son las partes del cerebro en las que se apoya menos y potenciarlas. "Los seres humanos son pianos con todas las teclas. Incluso por enfermedad puede faltar alguna tecla, pero siempre se puede sacar la melodía. Eso sí, depende del intérprete el que salga una melodía u otra", explica Alberca quien esta semana ha intervenido en el ciclo 'Encuentros de ciencia y pensamiento' organizado por la Diputación de Málaga.
De este modo, si en un niño predomina el uso del hemisferio izquierdo, el más racional, "no podemos explicarle algo" de forma que use sólo ese hemisferio, sino que hay que incentivar también el uso del derecho. Si tiene que resolver un problema de matemáticas en el que un chaval tiene cuatro canicas se le puede pedir que imagine cómo es ese niño, cuál es su color de pelo o cómo va vestido, pone como ejemplo.
"No aprendemos porque seamos inteligentes, sino que nos hacemos inteligentes al aprender"
"Nos hacemos inteligentes al ir aprendiendo, de modo que el ser capaz de resolver los problemas que nos angustian es lo que hace que esa inteligencia vaya creciendo", garantiza Alberca. "Por eso los padres tenemos la posibilidad de motivar de verdad a nuestros niños", defiende este escritor, quien expone que desarrollando cada parte del cerebro es posible estimular en los niños "la memoria, la concentración, la atención, la intuición, la imaginación, la creatividad", entre otras capacidades.

Cómo motivar a los niños

Llegados a este punto, ¿cómo motivar a los niños? Para Alberca es fundamental no confundir la motivación con el aliento. "No es decirle tú puedes. Eso es tipo de motivación usada por los norteamericanos que ya ha fracasado porque eso crea una oportunidad nueva de quedar mal y el niño tiene miedo al fracaso, poca autoestima".
Por el contrario, hay que enseñarle que "ha sido ya capaz de hacer cosas grandes" y, en concreto, es fundamental que no se hagan por él las cosas. "Hay que hacer que se abroche él el abrigo aunque tarde más que si lo hiciéramos nosotros. Hacerle que él resuelva sus pequeños problemas", enumera este profesor. "Al no protegerlo excesivamente lo hacemos capaz de resolver sus propios problemas", opina.
"Si queremos que nuestro hijo sea autónomo, capaz, que se sienta seguro ante un examen, tenemos que enseñarle cuanto antes a que sea independiente", afirma Alberca. ¿Es recomendable entonces que un padre esté con su hijo cuando hace los deberes? Este profesor cree que "si hay una persona que está con el niño haciendo las tareas debe pasar a separarse gradualmente". "Sí que puede estar al lado, pero no hace falta que, por ejemplo, le indique con el dedo los ejercicios que tiene que hacer".

El éxito de la curiosidad

Alberca sostiene que no hay niños que nazcan más o menos curiosos. Sí que "hay niños que han aprendido el éxito de la curiosidad". "Cuando un niño está muy espabilado en el fondo lo que ocurre es que ha aprendido que le da éxito, encuentra una satisfacción, parece más adulto, más mayor, le han preguntado los adultos. En definitiva, le satisface el resultado", asegura.
"Al no proteger a un niño lo hacemos capaz de resolver sus propios problemas"
¿Es recomendable esas agendas que tienen hoy en día los niños plagadas de actividades extraescolares? Para Alberca "puede ser una oportunidad de estimular partes de su cerebro, lo que pasa es que siempre tiene que dominar el niño la situación y no al revés". "Todo lo que es cargar el día de aprendizaje está bien pero hasta ciertos límites, porque donde aprende más cosas el niño es en casa, en el ámbito doméstico, con los abuelos, con los padres", explica.
Por este motivo, para educar a un niño "hace falta tiempo" y "quererle mucho", tanto como para intentar que "sea independiente cuanto antes", de modo que no se le sobreproteja. De hecho, en opinión de Alberca "el problema mayor de los niños ahora mismo es la sobreprotección no la falta de tiempo de los padres".pasan con ellos dándole muchas cosas materiales o consintiéndolos, expone.
¿Desde cuándo se puede educar a un niño para que se convierta en un genio? "Cualquier edad es buena para empezar", señala Alberca, quien garantiza que se puede actuar siempre sobre un hijo y quien advierte de que "el peor padre es el que no actúa".

martes, 31 de enero de 2012

Padres fuertes, hijas felices



Meg Meeker. Padres fuertes, hijas felices. Ciudadela. Madrid (2008). 248 págs. T.o.: Strong Fathers, Strong Daughters. Traducción: Mariano Vázquez Alonso.

A los dieciocho años, Ainsley se marchó de casa para estudiar en una prestigiosa universidad americana. Durante el primer curso todo marchó sobre ruedas: hizo muchas amigas y sacó buenas notas. Pero luego la cosa se torció. Empezó a beber demasiado, dejó de asistir a clase y, al final, fue expulsada de la universidad.

Al regresar a casa, su madre se mostró inflexible. “Te has comportado estúpidamente”, le dijo. “Has arrojado tu futuro por la ventana. Has avergonzado a tu familia”. En mitad de la bronca, su padre se acercó a Ainsley y le susurró: “¿Te encuentras bien?” Ella rompió a llorar.

“No se puede imaginar cómo me afectó aquello”, explica Ainsley a la doctora Meeker. “Eso pasó hace treinta años. El amor que siento por mi padre en este momento es algo tan fresco y tan reciente como lo fue entonces (…) Supe que era a mí, y no a los logros que pudiese alcanzar, a quien realmente amaba”.

El caso de Ainsley es uno de los muchos relatos que Meeker ha escuchado en su consulta. Tras veinte años de experiencia clínica, asegura que el padre es la figura más influyente en la vida de sus hijas. Un padre, dice, puede marcar la diferencia.

Un ambiente difícil

Por su experiencia, Meg Meeker señala que las chicas de hoy se encuentran expuestas a más riesgos que las de antes (trastornos alimentarios, enfermedades de transmisión sexual, depresión, fracaso escolar, alcohol, drogas…); y son los padres los únicos que pueden interponerse entre ellas y el ambiente social que las rodea.

“Vogue y Cosmopolitan le dirán a su hija de dieciocho (o de diez) años que su valor e importancia se basan en tener una figura esbelta y un pecho atractivo, en llevar vestidos caros y a la moda y en ser una de esas chicas en las que se fijan los hombres”.

Meeker pide realismo a los padres. El hecho de que sus hijas estudien en un colegio privado o en uno religioso, dice, no las inmuniza contra el ambiente. Entonces, ¿qué se puede hacer? “Sí, es cierto que tanto la televisión como la música, las películas y las revistas ejercen una enorme influencia sobre las chicas, marcando las pautas de lo que deben pensar y vestir (…); pero su influencia no llega ni con mucho a la que puede ejercer un padre”.

Ella necesita un héroe

Después de algunos meses de separación, Doug decidió volver a vivir con su mujer. Durante las primeras vacaciones que pasaron juntos sufrieron un terrible accidente de coche y ella se quedó en coma; al despertar, no recordaba nada. Entonces Doug cambió su plan de vida; se jubiló anticipadamente y se hizo cargo de su mujer y de sus hijas.

Doug es un héroe porque salvó a su familia. Nadie le llega a la suela de los zapatos. Así lo piensa Mindy, su hija mayor: “Quizás otro padre no hubiera sido capaz de hacerlo: despertar cada mañana a una esposa que no te conoce y volver a enseñarle el contenido de veinticinco años de matrimonio. Pero él nunca se rindió”.

Con frecuencia las chicas asignan el papel de héroe a su padre, normalmente sin que él lo sepa. Desde pequeñas piensan que ellos son los más fuertes, los más inteligentes y los más capacitados del mundo. Cuando las hijas crecen se dan cuenta de que, en realidad, sus padres son personas corrientes. Pero no importa: ellas seguirán pensando que son héroes, siempre que ellos vivan con integridad y honradez.

Las chicas esperan que el matrimonio de sus padres dure, aunque esto suponga muchos sacrificios. Si un padre permanece junto a su mujer a pesar de las dificultades, se convertirá en un héroe para su hija. Pero si la abandona, el héroe se derrumba. Es aquí donde entra en juego la fidelidad.

Tiempo y atención

Antes de que Allison ingresara en un centro de rehabilitación, su padre pasó un fin de semana con ella en un camping. No hubo entre ellos conversaciones turbulentas. Ni siquiera hablaron sobre el malhumor de Allison. Se limitaron a hacer caminatas, a cocinar juntos y a leer. Tras regresar a casa, ella se marchó al centro de rehabilitación para una estancia de ocho meses.

“Aquel fin de semana me di cuenta de que él era inquebrantable”, explica Allison. “Por supuesto que tenía que sentirse muy mal; pero vi entonces que, hiciera yo lo que hiciese, nunca podría apartarlo de mi vida. No puede imaginarse el bien que me hizo eso. Naturalmente no quise decírselo entonces. Pero aquellos días de camping lo cambiaron todo. Creo que me salvó la vida”.

La mayoría de los padres se alejan de sus hijas adolescentes pensando que necesitan más libertad y más espacio para desarrollar sus actividades. Frente a este modo de pensar, Meeker recomienda a los padres que pasen tiempo con sus hijas y que les presten atención. “Haga lo que haría naturalmente, como hombre que es: pase más tiempo escuchando que hablando. Si la escucha, ella se sentirá querida”.

La cultura dominante nos ha hecho olvidar que los hombres y las mujeres piensan de forma diferente. Un padre puede ver un partido de fútbol con su hijo, sin decir una palabra, y sentirse los dos a gusto. Pero las hijas no están hechas de la misma pasta. “Esté donde esté, asegúrese de que ella percibe que usted se da cuenta de que está a su lado. Hágale preguntas y escúchela. Las chicas odian sentirse invisibles”.

Atreverse a establecer reglas

En la década de los setenta del siglo XX, el padre fue presentado como una figura autoritaria que pretendía imponer sus normas a una juventud ansiosa de libertad. Hoy en día esta idea ha calado en la mente de muchos padres; temen que si imponen a sus hijas demasiados límites, ellas se rebelarán.

Frente a este planteamiento, Meeker asegura que la autoridad no provoca traumas a las hijas; al contrario, es lo que más les acerca a sus padres y lo que hace que les respeten más. De hecho, las chicas más problemáticas e infelices son las que han tenido padres permisivos.

Algunas de estas chicas acuden a la consulta de Meeker y se quejan de que sus padres nunca se han atrevido a establecer reglas. “Hablan de padres que quisieron evitar a toda costa cualquier tipo de conflicto, y que, por consiguiente, no han querido comprometerse hablando con sus hijas, o enfrentándose a ellas cuando se equivocaban en sus decisiones”.

Meeker considera que los padres tienen que recuperar la confianza en sí mismos y no tener miedo a educar según les dicte el sentido común.

“Permítame que le cuente un secreto sobre las hijas de todas las edades: les gusta presumir de lo duros que son sus padres, no sólo físicamente, sino también de lo estrictos y exigentes que son con ellas. ¿Por qué? Porque esto les permite darse tono sobre lo mucho que ellos las quieren”.

La religión importa

A nadie le extraña que los padres traten de enseñar a sus hijos todo lo que saben de literatura, matemáticas, historia o geografía. Sin embargo, cuando se trata de hablarles sobre Dios, algunos padres optan por escurrir el bulto. Es preferible, piensan, dejarles libres y no imponerles las propias convicciones religiosas.

Este modo de pensar, explica Meeker, no tiene en cuenta un dato básico: que todos los seres humanos tenemos un interés natural por lo religioso.

“Los niños –explica Meeker– siempre quieren saberlo todo sobre Dios. Sus preguntas son intuitivas. Si usted no proporciona una guía a su hija, ella buscará las respuestas por su cuenta; lo que quiere decir que su autoridad quedará suplantada por la de otra persona”.

“Su hija necesita a Dios por dos razones: porque necesita ayuda y porque necesita esperanza. Él le proporciona esa ayuda y le promete que su futuro será mejor”, concluye Meeker.

FUENTE: Juan Meseguer Velasco en Aceprensa.

lunes, 30 de enero de 2012

UN LIBRO MUY RECOMENDABLE


Desgraciadamente en nuestro entorno encontramos con demasiada frecuencia casos en que la familia se va a pique. Todos queremos ayudar a nuestros amigos para que lo más grande que tienen en sus manos nos e hunda por eso os recomendamos este libro donde puedes encontrar argumentos que ayuden a tus amigos. Se llama: 30 CONSEJOS PARA SALVAR A TU FAMILIA EN 30 DÍAS de HAGELIN, REBECCA
La autora, norteamericana, se dedica al asesoramiento familiar,tanto de forma directa como a través de columnas de prensa, intervenciones en programas televisivos y colaboraciones en radio. Fruto de veinticinco años de experiencia en estos ámbitos,la obra proporciona una serie de sugerencias orientadas a crear un ambiente,en el propio hogar, donde sea posible educar a los hijos según criterios propios e inculcarles un sentido de la vida y unos principios de conducta bien definidos, acordes con las convicciones de los padres.
Se trata de un manual de orientación escrito con propósito divulgador y planteamiento sencillo y práctico. Cada uno de los treinta capítulos responde a un objetivo concreto y bien definido, con temas muy actuales -amigos, vestuario, uso de Internet, televisión, etc.y de interés general. La exposición, clara y realista, sigue en todos los casos el mismo esquema: un primer apartado de carácter teórico sobre motivaciones y objetivos, un segundo de casos prácticos sacados de ejemplos procedentes de experiencias profesionales de la autora, y un tercero sobre cómo estos ejemplos pueden aplicarse en las circunstancias de cada lector. El resultado es muy eficaz en orden a proporcionar ayudas útiles, de aplicación viable, aunque requieran esfuerzo y dedicación, hecho que tampoco se oculta. Exigencia que, por otra parte, se extiende de modo expreso no solo a normas de buena educación, sino también a otras de índole moral y religiosa, ya que la autora afirma que es más fácil mantener sólida y unida a una familia con creencias, que en su caso son cristianas.

domingo, 22 de enero de 2012

LA FAMILIA EL TRABAJO Y LA FIESTA


El Encuentro Mundial de las Familias se creó en 1994 de la mano del Papa Juan Pablo II y se realiza cada tres años. Se ha celebrado en diferentes lugares: la primera edición se llevó a cabo en Roma; después en Río de Janeiro, Brasil, en 1997; posteriormente volvió a celebrarse en Roma, Italia, en 2000; en Manila, Filipinas, en 2003; en Valencia, España, en 2006, la primera que se celebró con el Papa Benedicto XVI y, por último, se llevó a cabo en Ciudad de México en 2009. La séptima edición se celebrará en Milán, Italia, en el año 2012 y estará organizada por la Diócesis de Milán y el Pontificio Consejo para la Familia.
Los Encuentros Mundiales de las Familias se caracterizan tradicionalmente por dos momentos: un congreso y un encuentro más popular. El primero, que se celebra durante varios días, prevé encuentros, reuniones y congresos sobre un tema seleccionado por el Santo Padre, que para el año 2012 será “La Familia: el trabajo y la fiesta”. En particular se invitan a los operadores pastorales a dichas citas.
El segundo momento está más dedicado a los fieles e involucra a todas las familias de la Diócesis anfitriona y del mundo. Comenzará el sábado con una vigilia de oración en presencia del Santo Padre, caracterizada por testimonios de vida y fe de las familias provenientes de diferentes países. El domingo por la mañana finalizará el Encuentro con la Santa Misa que celebrará el Papa Benedicto XVI, frente a los cientos de miles de fieles que acudirán al evento.
«¡Queridas Familias aquí reunidas! – exhortaba el Papa Juan Pablo II en la homilía de la primera edición del Encuentro-. ¡Familias de todo el mundo! Espero que durante la Eucaristía de hoy, a través de nuestra oración en común, sepáis reconocer vuestra vocación: vuestra gran vocación en la Iglesia y en el mundo. Esta vocación os la ha entregado Cristo que "nos santifica" y que "no se avergüenza de llamarnos hermanos y hermanas", como hemos leído en el texto de la Carta a los Hebreos (véase. He 2, 11). Cristo os dice a todos vosotros hoy: "Id por todo el mundo e instruid a todas las familias” (véase. Mt 28, 19). Anunciadles el Evangelio de la salvación eterna, que es el "Evangelio de las familias”. El Evangelio, la Buena Nueva, es Cristo. “No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombre en el que esté establecido que podamos ser salvos" (Hch 4, 12). Cristo siempre está con nosotros. Cristo es "¡el mismo de ayer, de hoy y de siempre!” (He 13, 8)». PODES ENTRAR EN LA WEB VII Encuentro mundial de las familias

INTERESANTE INICIATIVA


La diócesis de Milán ha lanzado una original iniciativa para preparar el Encuentro Mundial de las Familias. Se trata de una serie de vídeos en los que familias de la ciudad cuentan los problemas que han tenido que afrontar y cómo lograron superarlos.
Por ahora tan sólo hay cinco vídeos. Se titulan “Estilos de vida” y están en italiano, pero habrá al menos 10 y serán traducidos en otros idiomas. En ellos varias parejas explican cómo afrontaron problemas como quedarse sin trabajo, descubrir que no podían tener hijos o la separación de la familia por la emigración. 
Vídeos que ponen nombre y apellidos a los temas de las catequesis oficiales del Encuentro. En “La familia vive la prueba”, Jaqueline y Johnny, dos peruanos afincados en Milán, recuerdan cómo tras reunirse en Italia descubrieron hasta qué punto se habían distanciado sentimentalmente. Cuentan con sinceridad los problemas que tuvieron que afrontar y cómo juntos y con un poco de ayuda lograron superarlos.
O la historia de Leo, que se quedó sin trabajo después de 30 años en la misma empresa. Explica lacatequesis sobre el trabajo y la fiesta en la familia. 
Una original iniciativa con la que la diócesis de Milán intenta ayudar a resolver problemas reales de las familias para preparar el Encuentro Mundial de las Familias Milán 2012

martes, 3 de enero de 2012

EL DEPORTE MEJORA LOS RESULTADOS ESCOLARES




Feliz Año 2012 a todos los amigos de A3F comenzamos el año con este artículo que os puede sorprender, que lo disfruten.
Decir que el deporte tiene efectos positivos en la salud de niños y adolescentes y que su práctica habitual protege de las enfermedades cardiovasculares o la diabetes puede sonar a 'disco rayado'. Pero si ahora le aseguramos que el ejercicio físico rutinario puede contribuir a mejorar las notas de sus hijos, probablemente presten más atención a este artículo.
Las evidencias científicas sobre la influencia positiva del ejercicio en la función cerebral y cognitiva se acumulan desde hace tiempo. Precisamente, ELMUNDO.es publicaba los datos de un estudio sueco que da fe de ello. Ahora, un equipo de científicos de la Universidad Vrije (Holanda), acaba de confirmar, tras llevar a cabo una revisión de los estudios previos que han relacionado la actividad física con un mejor rendimiento académico, que, efectivamente, el deporte contribuye a tener más éxitos en el 'cole'.

Los posibles motivos

Hay varias "hipótesis sobre los mecanismos por los que el ejercicio es beneficioso para la cognición. Uno de ellos hace referencia a que hacer deporte mejorar la función cardiaca y la capacidad pulmonar y que el cerebro recibe un aumento de oxígeno. Otra menciona el aumento de los niveles de endorfinas y norepinefrina, lo que se traduce en una reducción de los niveles de estrés y en una mejora del humor", introducen los autores en su estudio que ha visto la luz en el último 'Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine' .
Pero, también, porque "el deporte facilita un aumento de los factores de crecimiento que ayudan a crear nuevas células nerviosas lo que estimula la plasticidad sináptica (conexión entre las neuronas)", agregan. Además de todos estos factores fisiológicos, la participación regular en actividades deportivas puede mejorar el comportamiento de los niños en el aula y aumentar así las probabilidades de una mejor concentraciónen los contenidos académicos.

La metodología

Los científicos llevaron a cabo una búsqueda y selección de todos los trabajos publicados entre 1990 y 2010 que hacían referencia al deporte y al aprendizaje escolar o al rendimiento académico y que se habían realizado en menores con una media de edad de seis hasta los 18 años.
De los 844 trabajos identificados inicialmente, los autores escogieron finalmente 14, por "considerarlos relevantes". "Diez de los trabajos eran observacionales, mientras que cuatro describían las intervenciones llevadas a cabo en colegios. Además, 12 de ellos fueron llevados a cabo en EEUU, otro en Canadá y un último, en África del Sur. El número de participantes de los ensayos oscilaba entre 53 y 12.000, a los que se les hizo seguimientos desde ocho semanas a cinco años, según cada ensayo.
El valor de esta revisión radica en que hasta ahora "no se había realizado ninguna con un enfoque específico de relación entre actividad física general y rendimiento académico que valorara, además, la calidad de los estudios", insisten los investigadores.
Determinan en sus conclusiones que "relativamente pocos estudios con alta calidad metodológica han explorado la relación entre actividad física y el rendimiento académico".
Pese a ello, los autores han encontrado "que el deporte se relaciona positivamente con una mejora de los resultados escolares. No obstante,se necesitan más estudios de que exploren las dosis de ejercicio que hay que practicar para obtener un beneficio cognitivo o de rendimiento y también se requieren instrumentos de medición más fiables que aclaren los mecanismos de esta asociación".