“Amar no es mirarse el uno al otro es mirar juntos en la misma dirección”

Antoine de Saint Exupery

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EDUCAR EN LA FE

En la propia familia se forja el carácter, la personalidad, las costumbres... y también se aprende a tratar a Dios. Una tarea que cada día resulta más necesaria, como se señala en este artículo.

Cada hijo es una muestra de confianza de Dios con los padres, que les
encomienda el cuidado y la guía de una criatura llamada a la felicidadeterna. La fe es el mejor legado que se les puede transmitir; más aún: eslo único verdaderamente importante, pues es lo que da sentido último a laexistencia. Dios, por lo demás, nunca encarga una misión sin dar losmedios imprescindibles para llevarla a cabo; y así, ninguna comunidadhumana está tan bien dotada como la familia para facilitar que la fearraigue en los corazones.


EL TESTIMONIO PERSONAL


La educación de la fe no es una mera enseñanza, sino la transmisión de un
mensaje de vida. Aunque la palabra de Dios es eficaz en sí misma, paradifundirla el Señor ha querido servirse del testimonio y de la mediaciónde los hombres: el Evangelio resulta convincente cuando se ve encarnado.

Esto vale de manera particular cuando nos referimos a los niños, que
distinguen con dificultad entre lo que se dice y quién lo dice; y adquiereaún más fuerza cuando pensamos en los propios hijos, pues no diferencianclaramente entre la madre o el padre que reza y la oración misma: más aún,la oración tiene valor especial, es amable y significativa, porque quienreza es su madre o su padre.

Esto hace que los padres tengan todo a su favor para comunicar la fe a sus
hijos: lo que Dios espera de ellos, más que palabras, es que sean piadosos,coherentes. Su testimonio personal debe estar presente ante los hijos en todo momento, con naturalidad, sin pretender dar lecciones constantemente.


A veces, basta con que los hijos vean la alegría de sus padres al
confesarse, para que la fe se haga fuerte en sus corazones. No cabeminusvalorar la perspicacia de los niños, aunque parezcan ingenuos: enrealidad, conocen a sus padres, en lo bueno y en lo menos bueno, y todo loque éstos hacen –u omiten– es para ellos un mensaje que ayuda a formarlos olos deforma.

Benedicto XVI ha explicado muchas veces que los cambios profundos en las
instituciones y en las personas suelen promoverlos los santos, no quienesson más sabios o poderosos: «En las vicisitudes de la historia, [lossantos] han sido los verdaderos reformadores que tantas veces hanremontado a la humanidad de los valles oscuros en los cuales está siempreen peligro de precipitar; la han iluminado siempre de nuevo» En la familia sucede algo parecido. Sin duda, hay que pensar en cuál es el modo más pedagógico de transmitir la fe, y formarse para ser buenoseducadores; pero lo decisivo es el empeño de los padres por querer sersantos. Es la santidad personal la que permitirá acertar con la mejor
pedagogía.

"En todos los ambientes cristianos se sabe, por experiencia, qué buenos
resultados da esa natural y sobrenatural iniciación a la vida de piedad,hecha en el calor del hogar. El niño aprende a colocar al Señor en la línea de los primeros y más fundamentales afectos; aprende a tratar a Dios como Padre y a la Virgen como Madre; aprende a rezar, siguiendo el ejemplo de sus padres. Cuando se comprende eso, se ve la gran tarea apostólica que pueden realizar los padres, y cómo están obligados a ser sinceramentepiadosos, para poder transmitir –más que enseñar– esa piedad a los hijos"

AMBIENTE DE CONFIANZA Y AMISTAD


Por otra parte, vemos que muchos chicos y chicas –sobre todo, en la
juventud y adolescencia– acaban flaqueando en la fe que han recibidocuando sufren algún tipo de prueba. El origen de estas crisis puede sermuy diverso –la presión de un ambiente paganizado, unos amigos queridiculizan las convicciones religiosas, un profesor que da sus lecciones
desde una perspectiva atea o que pone a Dios entre paréntesis–, pero estascrisis cobran fuerza sólo cuando quienes las sufren no aciertan a planteara las personas adecuadas lo que les pasa.

Es importante facilitar la confianza con los hijos, y que éstos encuentren
siempre disponibles a sus padres para dedicarles tiempo. Los chicos –aunlos que parecen más díscolos y despegados– desean siempre eseacercamiento, esa fraternidad con sus padres. La clave suele estar en laconfianza: que los padres sepan educar en un clima de familiaridad, que noden jamás la impresión de que desconfían, que den libertad y que enseñen a administrarla con responsabilidad personal. Es preferible que se dejen engañar alguna vez: la confianza, que se pone en los hijos, hace que ellos mismos se avergüencen de haber abusado, y se corrijan; en cambio, si no tienen libertad, si ven que no se confía en ellos, se sentirán movidos a engañar. No hay que esperar a la adolescencia para poner en práctica estos consejos: se puede propiciar desde edades muy tempranas.

Hablar con los hijos es de las cosas más gratas que existen, y la puerta
más directa para entablar una profunda amistad con ellos. Cuando unapersona adquiere confianza con otra, se establece un puente de mutua satisfacción, y pocas veces desaprovechará la oportunidad de conversar sobre sus inquietudes y sus sentimientos; que es, por otra parte, una manera de conocerse mejor a uno mismo. Aunque hay edades más difíciles que otras para lograr esa cercanía, los padres no deben cejar en su ilusión por llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las
inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se esperauna ayuda eficaz y amable.

En ese ambiente de amistad, los hijos oyen hablar de Dios de un modo grato
y atrayente. Todo esto requiere que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos, y un tiempo que sea “de calidad”: el hijo debe percibir que sus cosas nos interesan más que el resto de nuestras ocupaciones. Esto implica acciones concretas, que las circunstancias no pueden llevar a omitir o retrasar una y otra vez: apagar la televisión o el ordenador –o dejar, claramente, de prestarle atención– cuando la chica o el chico pregunta por nosotros y se nota que quiere hablar; recortar la dedicación
al trabajo; buscar formas de recreo y entretenimiento que faciliten la conversación y vida familiar, etc.

EL MISTERIO DE LA LIBERTAD


Cuando está por medio la libertad personal, no siempre las personas hacen
lo que más les conviene, o lo que parecería previsible en virtud de los medios que hemos puesto. A veces las cosas se hacen bien pero salen mal –al menos, aparentemente–, y sirve de poco culpabilizarse –o echar la culpa a otros– de esos resultados.

Lo más sensato es pensar cómo educar cada vez mejor, y cómo ayudar a otros
a hacer lo mismo; no hay, en este ámbito, fórmulas mágicas. Cada uno tiene un modo propio de ser, que le lleva a explicar y plantear las cosas de un
modo diverso; y lo mismo puede decirse de los educandos que, aunque vivan en un ambiente semejante, poseen intereses y sensibilidades diversas.

Tal variedad no es, sin embargo, un obstáculo. Más aún, amplia los
horizontes educativos: por una parte, posibilita que la educación se encuadre, realmente, dentro de una relación única, ajena a estereotipos; por otra, la relación con los temperamentos y caracteres de los diversos hijos favorece la pluralidad de situaciones educativas.

Por eso, si bien el camino de la fe de es el más personal que existe –pues
hace referencia a lo más íntimo de la persona, su relación con Dios–, podemos ayudar a recorrerlo: eso es la educación. Si consideramos despacio
en nuestra oración personal el modo de ser de cada persona, Dios nos dará luces para acertar.

Transmitir la fe no es tanto una cuestión de estrategia o de programación,
como de facilitar que cada uno descubra el designio de Dios para su vida. Ayudarle a que vea por sí mismo que debe mejorar, y en qué, porque nosotros propiamente no cambiamos a nadie: cambian ellos porque quieren.

DIVERSOS ÁMBITOS DE ATENCIÓN


Podrían señalarse diversos aspectos que tienen gran importancia para
transmitir la fe. Uno primero es quizá la vida de piedad en la familia, la cercanía a Dios en la oración y los sacramentos. Cuando los padres no la “esconden” –a veces involuntariamente– ese trato con Dios se manifiesta en acciones que lo hacen presente en la familia, de un modo natural y que respeta la autonomía de los hijos. Bendecir la mesa, o rezar con los hijos pequeños las oraciones de la mañana o la noche, o enseñarles a recurrir a los Ángeles Custodios o a tener detalles de cariño con la Virgen, son modos concretos de favorecer la virtud de la piedad en los niños, tantas veces dándoles recursos que les acompañarán toda la vida.

Otro medio es la doctrina: una piedad sin doctrina es muy vulnerable ante
el acoso intelectual que sufren o sufrirán los hijos a lo largo de su vida; necesitan una formación apologética profunda y, al mismo tiempo, práctica.

Lógicamente, también en este campo es importante saber respetar las
peculiaridades propias de cada edad. Muchas veces, hablar sobre un tema de actualidad o un libro podrá ser una ocasión de enseñar la doctrina a los
hijos mayores (esto, cuando no sean ellos mismos los que se dirijan a nosotros para preguntarnos).

Con los pequeños, la formación catequética que pueden recibir en la
parroquia o en la escuela es una ocasión ideal. Repasar con ellos las lecciones que han recibido o enseñarles de un modo sugerente aspectos del catecismo que tal vez se han omitido, hacen que los niños entiendan la importancia del estudio de la doctrina de Jesús, gracias al cariño que
muestran los padres por ella.

Otro aspecto relevante es la educación en las virtudes, porque si hay
piedad y hay doctrina, pero poca virtud, esos chicos o chicas acabarán pensando y sintiendo como viven, no como les dicte la razón iluminada por la fe, o la fe asumida porque pensada. Formar las virtudes requiere resaltar la importancia de la exigencia personal, del empeño en el trabajo, de la generosidad y de la templanza.

Educar en esos bienes impulsa al hombre por encima de las apetencias
materiales; le hace más lúcido, más apto para entender las realidades del espíritu. Quienes educan a sus hijos con poca exigencia –nunca les dicen que “no” a nada y buscan satisfacer todos sus deseos–, ciegan con eso las puertas del espíritu.

Es una condescendencia que puede nacer del cariño, pero también del querer
ahorrarse el esfuerzo que supone educar mejor, poner límites a los apetitos, enseñar a obedecer o a esperar. Y como la dinámica del consumismo es de por sí insaciable, caer en ese error lleva a las personas a estilos de vida caprichosos y antojadizos, y les introducen en una espiral de búsqueda de comodidad que supone siempre un déficit de virtudes humanas y de interés por los asuntos de los demás.

Crecer en un mundo en el que todos los caprichos se cumplen es un pesado
lastre para la vida espiritual, que incapacita al alma –casi en la raíz– para la donación y el compromiso.

Otro aspecto que conviene considerar es el ambiente, pues tiene una gran
fuerza de persuasión. Todos conocemos chicos educados en la piedad que se han visto arrastrados por un ambiente que no estaban preparados para superar. Por eso, es preciso estar pendientes de dónde se educan loshijos, y crear o buscar entornos que faciliten el crecimiento de la fe y de la virtud. Es algo parecido a lo que sucede en un jardín: nosotros no hacemos crecer a las plantas, pero sí podemos proporcionar los medios –abono, agua, etc.– y el clima adecuados para que crezcan.

Como aconsejaba san Josemaría a unos padres: "procurad darles buen
ejemplo, procurad no esconder vuestra piedad, procurad ser limpios en vuestra conducta: entonces aprenderán, y serán la corona de vuestra madurez y de vuestra vejez" .

A. Aguiló

viernes, 2 de septiembre de 2011

Los padres, primeros educadores

Entrevista con la Doctora Monika Durrer, cofundadora de la Asociación Familia & Educación, de Züric

Theresia Bühler

La educación en los primeros años puede ser decisiva para toda la vida. Pero con frecuencia los padres se encuentran solos en esta tarea tan importante. La Asociación Familia & Educación (VFE), fundada en 1990, tiene como tarea principal organizar seminarios de formación para los padres, con el propósito de ayudarles a educar con competencia. Además, fomenta el intercambio de ideas y las relaciones de amistad entre las familias mediante conferencias, excursiones familiares y reuniones. La Doctora Monika Durrer, cofundadora de VFE, está casada y es madre de ocho hijos, de entre uno y trece años.

Señora Durrer, ¿cuál fue su motivación principal al crear los seminarios de formación de padres?

Cuando estudiaba Medicina me di cuenta de la importancia de la educación. La adicción a las drogas, los malos tratos a los niños, las depresiones en la edad infantil y en la adolescencia, son algunos de los daños que pueden deberse a una educación equivocada. Ante situaciones de este tipo, descubrí que las familias sanas son la mejor profilaxis para luchar contra muchos males de nuestro tiempo.

Algunas personas piensan que la capacidad de educar es innata. O se tiene o no se tiene ¿Es posible aprender a educar?

Pienso que la profesión de educador es una de las más importantes, por-que los educadores formamos a la so-ciedad del mañana. En VFE quisiéramos hacer conscientes a los padres de que son ellos los educadores principales de sus hijos y no el psicólogo ni la escuela. En este contexto, como todas las profesiones se pueden aprender, también debe aprenderse la de educador. Para procurar que la ayuda de VFE en este aprendizaje sea eficaz, los directores de los cursos reciben su formación en seminarios, congresos y cursos internacionales organizados por la International Family Foundation (IDF) en cerca de cuarenta países.

¿Qué método didáctico emplea Vd. en sus seminarios?

Trabajamos con el método llamado del caso. En la base de este método hay casos auténticos, cada uno de los cuales describe un suceso en una familia corriente. Estos casos se analizan pri-mero en pequeños grupos familiares y después se discuten en las sesiones ple-narias, bajo la dirección de un moderador. Para la preparación del caso con el estudio individual, la Asociación cuenta con textos pedagógicos de referencia.

Se supone que, por medio de los cursos, los padres han de aprender a comprender mejor a sus hijos ¿No es esto algo que viene dado de modo natural?

No. Los padres a veces se equivocan en el trato con los hijos porque interpretan mal su modo de actuar, porque tienen demasiado poco tiempo para escucharlos y para estar con ellos. Los padres deberían aprender que el tiempo mejor invertido es el que pasan con sus hijos. Si conocemos bien las fases de desarrollo de un niño, le podremos comprender mejor y nos enfrentaremos con el problema de modo correcto. Hay que saber, por ejemplo, por qué es necesaria una fase de testarudez, cómo pueden comportarse los jóvenes en la pubertad, y que una chica reacciona de modo distinto al de un chico al empezar el colegio, que la disposición para aprender de las chicas y de los chicos es diferente, etc.

¿Cómo se engarzan esos cursos con una visión cristiana de la educación?

La educación de las virtudes humanas es la base de la educación cristiana. Los directores de los cursos hablamos con los padres sobre cómo pueden ayudar a sus hijos a ser sinceros, trabajadores, ordenados, cómo pueden vivir la caridad, etc. En los últimos tiempos he notado de un modo especial la importancia de la educación a la obediencia. Si un niño nunca ha aprendido a obedecer a sus padres, tampoco podrá obedecer a Dios.


¿Qué pasa cuando los padres se dan cuenta de que han cometido errores en la educación, o cuando toman conciencia de los errores de educación de sus propios padres?

Nunca es demasiado tarde para aprender a través de los errores y para perdonar a nuestros padres sus errores en la educación. Además, no hace falta que seamos padres perfectos, pues nuestros hijos aprenden de nuestros defectos si los reconocemos y pedimos perdón por ellos. Así aprenden a manejarse con sus propias debilidades.

Dijo Vd. al principio que ni la escuela ni el psicólogo son los educadores más importantes, sino los padres ¿Quiere Vd. decir con esto que los padres se sienten muchas veces inseguros en su papel de educadores?

Hoy muchos padres van enseguida al psicólogo infantil. «El psicólogo nos ha dicho esto o lo otro», me cuentan muchos padres. Padres y madres deberían adquirir más confianza en sí mismos y más seguridad a la hora de educar. Después de un curso, un padre me dijo: «Ahora ya no nos da miedo tener más hijos». La meta principal de nuestro curso es que los padres procuren volver a enamorarse de cada niño continuamente. Durante nuestros cursos, muchos padres que no querían tener más hijos descubren la alegría de tener otro más.

En el curso, los padres aprenden a analizar objetivamente situaciones y conflictos de los niños y a encontrar soluciones. Pónganos un ejemplo.

Supongamos que un niño miente. Tenemos que preguntarnos por qué. ¿Qué edad tiene? ¿En qué fase de educación se encuentra? ¿Vive aún en un mundo de fantasía? ¿Miente por miedo? ¿Qué modelos de relación existen en la familia (con los hermanos, con el padre, con la madre)? ¿Quiere presumir? ¿Hay en la familia una abuela criticona? ¿El padre y la madre tienen tiempo para el niño? ¿Es la mentira una bagatela que no vale la pena tener en cuenta? Es muy importante ponderar exactamente la situación y encontrar una solución individual conveniente.

Los padres desean que sus hijos lleguen lo más lejos posible en su formación y en su profesión. ¿Hablan Vds. también de esto en los cursos?

Para la vida no me parece lo más importante la altura que ha alcanzado cada uno, sino si tiene cualidades humanas, si trabaja bien en su profesión y en definitiva, si cumple la voluntad de Dios. Humanidad, capacidad para la amistad, una fe profunda, éstas son las cualidades que deberíamos desear para nuestros hijos. La esencia de nuestra educación debería ser ayudarles a darse cuenta de lo que es importante para la vida.


lunes, 22 de agosto de 2011

DESAYUNOS con SABOR


Para nosotras las madres jóvenes de A3F nos juntanos una vez al mes a una charla desayuno y tertulia. Una cita de lo "social".
"Desayunos con sabor" te espera ponte en contacto con Marcia T, son desayunos que no defraudan y además aportan muchas ideas para nuestras familias.
Es una nueva iniciativa de A3F. Te esperamos.

martes, 19 de julio de 2011

viernes, 1 de julio de 2011

¿He oído bien? Usted tiene 16 hijos.


A Rosa Pich le gusta citar el dicho catalán que dice “si vols estar ben casat, busca-la en el veïnat” (si te quieres casar bien, búscala en el vecindario). Sin embargo, a esta barcelonesa no le fue nada mal casarse a los 23 años con un vecino de Cantimpalos. Dan fe de ello sus 16 hijos. Los Postigo Pich forman la familia numerosa con más hijos escolarizados de España.

Aunque no se acaba de sentir cómoda con el interés mediático que suscita su caso, necesita contarle al mundo que existen, “mucha gente no se lo cree, pero nosotros hemos dicho sí a la vida” afirma

¿He oído bien? Usted tiene 16 hijos.

18. Dos de ellos murieron siendo bebés. Nacieron con una malformación cardiópata severa. Donamos sus corazones a la ciencia. Hemos dicho sí a la vida y a la ciencia. El día que me vaya al cielo, descubriré por qué Dios se los llevó. Debió ser muy duro. Los médicos nos recomendaron no tener más hijos. ¡Pero nosotros queríamos tener una familia numerosa!

¡Su deseo se cumplió!

Así es, porque la decisión de tener cada uno de nuestros hijos ha sido de mi marido y mía: nadie, ningún sacerdote, familiar, o congregación, nos ha dicho cuántos hijos teníamos que tener.

¿De qué ha dependido cada una de las decisiones?

Hemos tenido en cuenta las condiciones psicológicas, físicas y económicas de cada momento.

No quiero pensar su presupuesto mensual en comida…

Hago la compra por Internet mensualmente y le aseguro que no gasto más que una familia con tres o cuatro hijos. Compro marca blanca. Y mis hijos saben que en casa no hay coca-cola, ni carne de primera, ni pescado fresco, solo atún enlatado. Eso sí: el chico de reparto del supermercado coloca en la despensa cada mes 240 litros de leche y 1.300 galletas María.

¿Siguen una dieta equilibrada?

Mis hijos comen en el colegio y están bien alimentados. En casa sólo se cena y se desayuna leche, y pan con mermelada o embutidos.

Siguen sin salirme los números.

Un kilo de pasta cuesta 50 céntimos. Lo mismo que un sobre de sopa. Le aseguro que no llego a los mil euros mensuales. Mis amigas me piden que le ayude a hacer los menús, además de explicarles cómo organizo la casa, las tareas de los chicos, los armarios…

¿Cómo organiza las cenas?

En dos turnos. Los de la primera comunión para abajo cenan primero y los mayores después. Entre medio, rezamos el Rosario.

¿Es usted muy religiosa?

En nuestra familia no contamos dos más dos, sino dos más dos, más Dios. Tenemos una fe vivida. Dios existe. Creemos en un padre que está en el cielo y tenemos la necesidad de comunicarnos con él, de contarle nuestras ilusiones y preocupaciones. El hombre es un ser de alma y cuerpo, por tanto espiritual.

¿Cree que hay una crisis de creencias?

La gente pone el dios en el Barça, en el dinero…

¿Cómo son sus hijos?

Movidos, gamberros, divertidos y deportistas. Están acostumbrados a pelearse, a convencer al otro para que juegue con ellos, a solucionar conflictos, a trabajar hábitos, a preocuparse por los demás. Ser miembro de una familia numerosa te obliga a ocuparte de los demás, porque siempre hay un hermano que necesita ayuda, tiene alguna dificultad. ¡Mis hijos están preparados para dirigir multinacionales!

¿Cómo se organizan entre ellos?

Cada oveja con su pareja. Cada uno de los mayores tiene asignado un pequeño y se encargan de resolver sus problemas: les ayudan con sus deberes, con la lectura, con el baño, si necesitan material del colegio se lo consiguen… Todos van al colegio andando desde los tres años y tienen su pequeño encargo. Yo trabajo por las mañanas, así que a las siete de la mañana salgo de casa. Por las tardes juego con los pequeños y a partir de las siete atiendo dudas hasta la hora de cenar.

Contará con alguna asistenta…

Sí, ella se encarga de la limpieza y del baño de los más pequeños. Trabaja de ocho a ocho. Pero los niños se encargan de hacerse la cama y si no se la hacen, peor para ellos.

¿Qué consejos les da a sus hijos?

Tanto mi marido como yo venimos de familias numerosas (14 y 16 hermanos, respectivamente). Hemos pasado de la litera de cuatro alturas a la cama de matrimonio. Si nuestros amigos tenían juguetes, nosotros teníamos hermanos. Y les hemos enseñado a nuestros hijos a ser felices así.

¿Nunca le han dicho que traer tantos niños al mundo es una irresponsabilidad?

La pregunta no es qué mundo les vamos a dejar a nuestros hijos, sino qué mundo nos van a dejar ellos a nosotros. Hay que cambiar el chip porque pienso que tal como están las cosas, van a tener muchas oportunidades. Mis hijos van a buenos colegios, así que humanamente hablando estarán preparados para sacar el país adelante. Yo siempre les digo que son ellos los que nos van a sacar de la situación que vivimos. Por otro lado, yo sí voy a tener mi jubilación pagada: mis hijos cuidarán de nosotros porque nosotros hemos cuidado de ellos.

¿Es usted muy estricta?

En la vida hay que hacer muchos sacrificios. A menudo he ido a trabajar sin apenas haber dormido y encontrándome mal. Pero hay que dar ejemplo. Por otro lado, en casa transmitimos una educación muy espartana , austera, de servicio a los demás, porque pensamos que es más elegante dar que ser egoísta. En la mesa tenemos una consigna: hay que servir al que tenemos al lado: acercarle el pan y el agua. Y si toca huevo frito, le damos el más bonito.

¿Sus hijos no le piden marcas?

En casa no compramos marcas. Si entra algo es porque han ahorrado haciendo canguros o se lo ha regalado el padrino. Las marcas no los hacen más persona, ni más felices. La vida da muchas vueltas y lo que no lloren de niños, lo llorarán de mayores. Uno se crea grandes necesidades, pero polvo eres y en polvo te convertirás

¿Qué es para usted la felicidad?

Lo que da felicidad es cuidar de los demás. A mí me la dan mis hijos, pero también me gusta cuidar de sus amigos cuando vienen a casa. Eso es algo que también les intento transmitir: preocuparse por los otros, ir a ver a un amigo cuando está enfermo, una llamada por teléfono… Hay que vivir con alegría y optimismo.

¿Nunca ha tenido una crisis matrimonial?

Por supuesto que las tenemos. Mi marido y yo discutimos, pero también hablamos. Y de las crisis uno sale más reforzado. Hay que luchar para quererse más, tratarse con cariño, dejarse espacio para uno y para la pareja. Nosotros nos vamos a pasear solos, aunque sea para dar una vuelta a la manzana. Pienso mucho en mis amigos que se han divorciado, porque se quedan muy solos y los niños quedan marcados para siempre.

¿Piensa que el matrimonio debe ser para toda la vida?

El divorcio sólo soluciona la discusión momentánea con la pareja , pero después vienen muchos más problemas. Lo he vivido de cerca. Sí, yo a mis hijos les digo que es para toda la vida, no porque lo manda la iglesia, sino porque el hombre y la mujer necesita una estabilidad física y psíquica. La naturaleza humana está hecha así: el niño necesita un papá, con una barba que le rasca, y una mamá, con su olor femenino, que le arropa.

¿En qué consiste el amor?

El amor es un fuego que hay que ir alimentando. No es una chispa de la vida, sino que uno tiene que ir trabajándolo, reforzándolo cada día. Así, cuando no hay llama, la ponemos. El amor no es sólo de sentimientos sino también cerebral. Necesita voluntad: yo quiero amar a esta persona, quiero amar su bien, me atrae su físico, su manera de ser… Y también necesita sinceridad. Hay que decirle a tu pareja qué te gusta, cómo te sientes, qué necesitas en cada momento.

Un consejo para mejorar las relaciones de pareja.

Dile que se acuerde de comprarte tus flores preferidas y cuando vayas a la pelu no esperes que se fije. Adelántate: ¿verdad que estoy guapa?

Me imagino que no irán mucho a comer a restaurantes…

Sólo cuando hay una celebración. Cuando nos invitan, suelen decirme: “da gusto ver cómo disfrutan tus hijos, Rosa”.

Fuente: la Vanguardia

lunes, 13 de junio de 2011

EL PIMOF A TU ALCANCE


Desde la IFFD ( www.iffd.org ) estamos organizando un “Programa de Inducción para moderadores de Orientación Familiar” cuyo objetivo es ayudar a los moderadores a mejorar sus capacidades en la sesión y a promover nuevos para llegar a más matrimonios.

Para este plan, vendrá desde España Tomás Malmierca, un experimentado moderador que lleva muchos años en este oficio y nos dará una serie de conferencias y casos para nuestra mejora en moderación.

El PIMOF se hará en Montevideo el viernes 22 y sábado 23 de Julio y el costo será de usd 100 (cien dólares) para poder afrontar los gastos de pasaje y estadía de Tomás y su mujer. (hay becas para los más necesitados pero hay que evitarlas)

Sería muy bueno que podamos ir muchos de Argentina, Paraguay y Bolivia, ya que han confirmado su asistencia gente de Brasil y Chile (y por supuesto de Uruguay).