“Amar no es mirarse el uno al otro es mirar juntos en la misma dirección”

Antoine de Saint Exupery

viernes, 2 de septiembre de 2011

Los padres, primeros educadores

Entrevista con la Doctora Monika Durrer, cofundadora de la Asociación Familia & Educación, de Züric

Theresia Bühler

La educación en los primeros años puede ser decisiva para toda la vida. Pero con frecuencia los padres se encuentran solos en esta tarea tan importante. La Asociación Familia & Educación (VFE), fundada en 1990, tiene como tarea principal organizar seminarios de formación para los padres, con el propósito de ayudarles a educar con competencia. Además, fomenta el intercambio de ideas y las relaciones de amistad entre las familias mediante conferencias, excursiones familiares y reuniones. La Doctora Monika Durrer, cofundadora de VFE, está casada y es madre de ocho hijos, de entre uno y trece años.

Señora Durrer, ¿cuál fue su motivación principal al crear los seminarios de formación de padres?

Cuando estudiaba Medicina me di cuenta de la importancia de la educación. La adicción a las drogas, los malos tratos a los niños, las depresiones en la edad infantil y en la adolescencia, son algunos de los daños que pueden deberse a una educación equivocada. Ante situaciones de este tipo, descubrí que las familias sanas son la mejor profilaxis para luchar contra muchos males de nuestro tiempo.

Algunas personas piensan que la capacidad de educar es innata. O se tiene o no se tiene ¿Es posible aprender a educar?

Pienso que la profesión de educador es una de las más importantes, por-que los educadores formamos a la so-ciedad del mañana. En VFE quisiéramos hacer conscientes a los padres de que son ellos los educadores principales de sus hijos y no el psicólogo ni la escuela. En este contexto, como todas las profesiones se pueden aprender, también debe aprenderse la de educador. Para procurar que la ayuda de VFE en este aprendizaje sea eficaz, los directores de los cursos reciben su formación en seminarios, congresos y cursos internacionales organizados por la International Family Foundation (IDF) en cerca de cuarenta países.

¿Qué método didáctico emplea Vd. en sus seminarios?

Trabajamos con el método llamado del caso. En la base de este método hay casos auténticos, cada uno de los cuales describe un suceso en una familia corriente. Estos casos se analizan pri-mero en pequeños grupos familiares y después se discuten en las sesiones ple-narias, bajo la dirección de un moderador. Para la preparación del caso con el estudio individual, la Asociación cuenta con textos pedagógicos de referencia.

Se supone que, por medio de los cursos, los padres han de aprender a comprender mejor a sus hijos ¿No es esto algo que viene dado de modo natural?

No. Los padres a veces se equivocan en el trato con los hijos porque interpretan mal su modo de actuar, porque tienen demasiado poco tiempo para escucharlos y para estar con ellos. Los padres deberían aprender que el tiempo mejor invertido es el que pasan con sus hijos. Si conocemos bien las fases de desarrollo de un niño, le podremos comprender mejor y nos enfrentaremos con el problema de modo correcto. Hay que saber, por ejemplo, por qué es necesaria una fase de testarudez, cómo pueden comportarse los jóvenes en la pubertad, y que una chica reacciona de modo distinto al de un chico al empezar el colegio, que la disposición para aprender de las chicas y de los chicos es diferente, etc.

¿Cómo se engarzan esos cursos con una visión cristiana de la educación?

La educación de las virtudes humanas es la base de la educación cristiana. Los directores de los cursos hablamos con los padres sobre cómo pueden ayudar a sus hijos a ser sinceros, trabajadores, ordenados, cómo pueden vivir la caridad, etc. En los últimos tiempos he notado de un modo especial la importancia de la educación a la obediencia. Si un niño nunca ha aprendido a obedecer a sus padres, tampoco podrá obedecer a Dios.


¿Qué pasa cuando los padres se dan cuenta de que han cometido errores en la educación, o cuando toman conciencia de los errores de educación de sus propios padres?

Nunca es demasiado tarde para aprender a través de los errores y para perdonar a nuestros padres sus errores en la educación. Además, no hace falta que seamos padres perfectos, pues nuestros hijos aprenden de nuestros defectos si los reconocemos y pedimos perdón por ellos. Así aprenden a manejarse con sus propias debilidades.

Dijo Vd. al principio que ni la escuela ni el psicólogo son los educadores más importantes, sino los padres ¿Quiere Vd. decir con esto que los padres se sienten muchas veces inseguros en su papel de educadores?

Hoy muchos padres van enseguida al psicólogo infantil. «El psicólogo nos ha dicho esto o lo otro», me cuentan muchos padres. Padres y madres deberían adquirir más confianza en sí mismos y más seguridad a la hora de educar. Después de un curso, un padre me dijo: «Ahora ya no nos da miedo tener más hijos». La meta principal de nuestro curso es que los padres procuren volver a enamorarse de cada niño continuamente. Durante nuestros cursos, muchos padres que no querían tener más hijos descubren la alegría de tener otro más.

En el curso, los padres aprenden a analizar objetivamente situaciones y conflictos de los niños y a encontrar soluciones. Pónganos un ejemplo.

Supongamos que un niño miente. Tenemos que preguntarnos por qué. ¿Qué edad tiene? ¿En qué fase de educación se encuentra? ¿Vive aún en un mundo de fantasía? ¿Miente por miedo? ¿Qué modelos de relación existen en la familia (con los hermanos, con el padre, con la madre)? ¿Quiere presumir? ¿Hay en la familia una abuela criticona? ¿El padre y la madre tienen tiempo para el niño? ¿Es la mentira una bagatela que no vale la pena tener en cuenta? Es muy importante ponderar exactamente la situación y encontrar una solución individual conveniente.

Los padres desean que sus hijos lleguen lo más lejos posible en su formación y en su profesión. ¿Hablan Vds. también de esto en los cursos?

Para la vida no me parece lo más importante la altura que ha alcanzado cada uno, sino si tiene cualidades humanas, si trabaja bien en su profesión y en definitiva, si cumple la voluntad de Dios. Humanidad, capacidad para la amistad, una fe profunda, éstas son las cualidades que deberíamos desear para nuestros hijos. La esencia de nuestra educación debería ser ayudarles a darse cuenta de lo que es importante para la vida.


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