martes, 31 de enero de 2012
lunes, 30 de enero de 2012
UN LIBRO MUY RECOMENDABLE
domingo, 22 de enero de 2012
LA FAMILIA EL TRABAJO Y LA FIESTA

INTERESANTE INICIATIVA
martes, 3 de enero de 2012
EL DEPORTE MEJORA LOS RESULTADOS ESCOLARES
Los posibles motivos
La metodología
miércoles, 28 de diciembre de 2011
LA FAMILIA ESCUELA DE ORACION
martes, 20 de diciembre de 2011
2012 ser un gran PADRE
lunes, 14 de noviembre de 2011
Fiesta de clausura del Curso PRIMERAS DECISIONES
Esta fiesta de clausura de esta primera edición de "1as Decisiones" , contó con una muy buena convocatoria de las familias, realmente salió bonito y creemos que la gente lo disfrutó mucho. Nos despedimos por ahora de los cursos 2011 y después de las vacaciones volvemos con fuerzas renovadas.
jueves, 10 de noviembre de 2011
36 COSAS PARA QUE UNA FAMILIA FUNCIONE BIEN
Buen marketing de su hijo que lleva las promociones del padre, muy gracioso el spot que pueden ver haciendo click sobre la foto.
Esta es la nota que le realizarón en la agencia de noticias EFE y que ya ha dado la vuelta al mundo. En definitiva un libro de obligatoria lectura para A3F.
Madrid, 29 oct (EFE).- La suya la forman su mujer, doce hijos, once yernos y nueras y, de momento, pues otros dos están en camino, cuarenta y un nietos. Prole tan numerosa justifica que Leopoldo Abadía hable con autoridad y fundamento de algo tan complejo como es la familia, en la que nunca puede faltar "libertad, cariño y un cierto orden".
Tres "ingredientes" que, sumados a otros muchos, le han permitido elaborar una receta, "la suya", insiste Abadía, para que su más que numerosa familia no sólo funcione, sino que lo haga bien. "La familia -dice- es el primer negocio de cada persona".
Este jubilado hiperactivo, ingeniero industrial y durante 31 años profesor en el IESE (Instituto Superior de Estudios Superiores de la Empresa), ha querido compartir "su" receta con todo aquel que lo desee, y para ello ha escrito un libro, "36 cosas que hacer para que una familia funcione bien", que lleva ya días en las librerías.
Un libro que llega después de convertir en "bestsellers" títulos anteriores como "La crisis Ninja y otros misterios de la economía actual", "La hora de los sensatos" y "¿Qué hace una persona como tú en una crisis como ésta?", y en los que, con un lenguaje también sencillo, intentó explicar el porqué de tan negro panorama económico y social, y cómo superarlo.
Tres libros que han convertido a este "orgulloso" esposo, padre, suegro y abuelo en un "famosete" que ahora aprovecha el tirón de la popularidad para hablar de lo que más sabe: la familia. Un "negocio", que no hay que manejar, opina, "ni como una empresa ni como un cuartel".
"La disciplina es necesaria, y también la organización", pero en una familia, "por lo menos en la mía", "valoramos más la libertad", asegura Abadía, que esta semana ha cumplido 53 años de casado y con la misma mujer. La misma con la que, a comienzo de su aventura vital, acordó que ella ejercería de directora general del "negocio" mientras él se ocupaba de la dirección comercial.
Para manejar ese "caos organizado" que es su familia, Abadía ha echado mano de muchas cosas, muchas más de las 36 sobre las que se comprometió con la editorial Espasa a escribir, y a las que alude en el título de su libro. Una lista que supera el medio centenar y que cada persona "seguro que podría aumentar".
Su lista de cosas, grandes y pequeñas, que de todo hay, para conseguir que una familia funcione parte del principio de que "está formada por individuos irrepetibles" a los que hay que querer "como son, no como nos gustaría que fueran". En ella se habla de respeto, de flexibilidad, de dar importancia a lo importante, y al contrario, y de la necesidad de vivir en un ambiente de optimismo.
A propósito del orden, necesario "pero nunca una obsesión", Abadía recuerda una frase atribuida a la ex primera ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland, según la cual "una casa tiene que estar suficientemente limpia como para que sea higiénica y suficientemente sucia para que sea confortable".
Abadía ha escrito este libro "para todos los que quieran leerlo, sean de derechas, de izquierdas, de los que rezan mucho, de los que rezan poco, de los que no rezan nunca ni rezarán jamás". Para todo tipo de familias, grandes y pequeñas, monoparentales o para aquellas en las que una pareja del mismo sexo cría y educa a sus hijos. "Es para todo tipo de familias. Mal no le irá a nadie", insiste.
En su lista de "cosas" que facilitan el buen funcionamiento de una familia está "dominar la tele", promover una dirección por encargos (DPE) -que incluye cualquier tarea doméstica-, algo parecido a la dirección por objetivos (DPO) que hay en muchas empresas, sonreír, "algo a veces heroico", celebrarlo todo, "demostrar con nuestro ejemplo que el trabajo no es un castigo" divino, y hacer todo lo posible para que en la casa se sientan igual bien "nuestros hijos y sus amigos".
Convencido de que las broncas en una familia nunca deben ser eternas, Abadía escribe sobre algo tan fundamental como es la educación en valores y en la austeridad, "tan difícil en estos momentos", que no es otra cosa que "gastar con cabeza", algo que por convicción y obligación él y su esposa han llevado a la práctica.
Creyente, Abadía dedica dos páginas de su libro a la importancia de rezar, no sin antes advertir al lector de que va a hablar de ello. "Quien no le guste o no quiera rezar, que no lo haga, y que se salte las dos páginas".
viernes, 21 de octubre de 2011
STEVE DE MILAGRO !!!!!

La Sociedad Argentina de Ética Médica y Biológica (Saemb) relató en su momento las circunstancias del nacimiento de Barack Obama. Ahora quiere contar las circunstancias del nacimiento de otro estadounidense famoso. Es fácil y aleccionador.
Había una vez una sencilla joven estadounidense, blanca, cristiana y universitaria, que se enamoró de un inmigrante sirio, musulmán y adinerado; ambos estudiaban juntos. Corría 1954 y Joanne Carole Schieble, de clase media, quedó embarazada de Abdulfattah Jandali, su compañero de estudios, que provenía de una rica y poderosa familia de comerciantes.
Al igual que en el caso de Barack Obama, de madre cristiana y pobre, y de padre musulmán y rico, hubo problemas entre las dos familias acerca del futuro niño o niña. En esa época no había ecografía ni tomografía computarizada, ni resonancia magnética ni nada. Los obstetras auscultaban al bebé con el antiguo estetoscopio de madera de Laennec y con sus manos expertas realizaban la semiología, es decir, conocían –menos el sexo– la posición del bebé, el peso aproximado, si la presentación era cefálica, de nalgas, si había placenta previa, etc.
En EEUU, en esa época, había más respeto y amor por la vida naciente y el aborto era un delito. Este recién se legalizó, a través de un fallo de la Corte Suprema, el 22 de enero de 1973 (Wae vs Roe).
De todos modos, Joanne quiso que su hijo naciera y se trasladó para el parto a San Francisco, California, dando a luz a un robusto varón el 24 de febrero de 1955.
Joanne y Abdulfatth le dieron una oportunidad a ese hijo no deseado, no querido y no buscado, y que vino a problematizar a dos familias muy diferentes y a atrasar a ambos en sus estudios universitarios.
Lo dieron en adopción a un sencillo matrimonio, Paul y Clara Jobs Hagopian, de origen armenio. El papá era maquinista de trenes y la mamá ama de casa; tenían una hija biológica, Patty.
A esta altura del relato histórico, bien documentado, muchos ya sabrán quién era ese niño. Nada menos que Steve Paul Jobs, fallecido en Palo Alto, California, el 5 de octubre de 2011.
Si lo hubieran abortado no habría nacido el creador de Apple, iPhone, iPod, Macintosh, las tabletas iPad 1, iPad 2, Pixar ni hubiéramos disfrutado de filmes como Toy Story, Buscando a Nemo, etc.
La historia terminó bien para Steve, que salvó la vida, y para los novios, que luego se casaron y tuvieron una hija, la novelista Mona Simpson, a la que Steve conoció y amó fraternalmente.
* Dr. Luis Aldo Ravaioli Médico, presidente de la Sociedad Argentina de Ética Médica y Biológica (Saemb)
lunes, 10 de octubre de 2011
LIBROS PARA NO DEJAR PASAR
" UN PASEO EN BICICLETA POR LA VIDA "Autor: Javier Vidal-Quadras.
Editorial: Styria.
Los sentimientos aportan a la vida gran parte de su riqueza. Todos los hombres creemos que es posible controlar nuestros sentimientos aunque en muchas ocasiones nos comportamos como si no pudieran educarse. Así, la educación de los sentimientos se ha convertido en los tiempos actuales en una de las grandes tareas para el ser humano, porque queramos o no son los que conducen nuestra forma de actuar.
Un paseo en bicicleta por la vida es una fábula para armonizar la difícil tarea de armonizar los sentimientos. Inteligencia, voluntad, memoria, afectos, imaginación… ¡Se podría hablar de tantas facultades, proyectos, matices, posibilidades y vueltas y revueltas acerca del ser humano! Pero hay una condición irrenunciable que da sentido a toda la persona: la unidad.
Y eso es, precisamente, lo que busca este libro: la unidad del ser humano, la armonía vital, encontrar ese principio de vida que más que unir, funde nuestras partes en una sola realidad, llamada persona, que se eleva por encima de todo lo creado y goza de aquella condición tan inefable e indescifrable que los mejores pensadores han intentado concentrar en un concepto para muchos inaprensible: dignidad.
EL FERT LA MADRE DE A3F
El FERT es el primer A3F en el mundo que comenzó en 1968 en Barcelona (España) En este video se puede ver palapar, sentir y ver lo que es la Orientación Familiar en su origen y como es en la actualidad. Al ser una institución nacida en Cataluña para todo el mundo, algunas declaraciones de este video están en el idioma catalán pero se entienden muy bien.
viernes, 7 de octubre de 2011
LO MAS IMPORTANTE DE JOBS
Reed Jobs uno de sus hijosmartes, 20 de septiembre de 2011
Me gusta ... ¿Cómo educar la sensibilidad?

El gusto se puede educar, se puede afinar y puede crecer. Hay que desarrollar la capacidad de captar la belleza sin forzar el gusto. Nos tiene que gustar de verdad. Es necesario educar nuestros sentimientos, de manera que sintonicen con mayor facilidad con las cosas bellas
El “me gusta” es la base de todo y no se puede sustituir por ninguna otra consideración. En la educación estética, se parte del “me gusta” y se llega al “me gusta”. Y no sirve de gran cosa lo que les pase a otros. Es síntoma de papanatismo y falta de personalidad simular la admiración propia sólo porque “otros” dicen que es muy bueno. No hay que dejarse tiranizar por los entendidos y los especialistas que, a veces, dictaminan sin la menor consideración por el público o por criterios que le son extraños, moda o movimientos comerciales. El primer paso para la educación del gusto es la sinceridad: hay que estar seguros de lo que nos gusta. Y ser claros
Pero el gusto se puede educar, se puede afinar y puede crecer. Hay que desarrollar la capacidad de captar la belleza sin forzar el gusto. Nos tiene que gustar de verdad. Es necesario educar nuestros sentimientos, de manera que sintonicen con mayor facilidad con las cosas bellas.
Se pueden dar cuatro consejos para desarrollar la sensibilidad estética:
a) tratar con lo bueno;
b) aumentar la cultura artística;
c) elegir con libertad y seleccionar;
d) frecuentar.
a) Tratar con lo bueno
«Los gustos —como decía Gracián— se pegan». Conviene mostrar interés por aquellas obras de arte que ya están consagradas. Pero como hemos repetido, no es necesario forzar el gusto.
Además, en casi todas las artes, es necesaria una cierta iniciación. Hay que tener paciencia hasta que nos acostumbremos al modo de ser que tienen. La música clásica, por ejemplo, necesita iniciación para que guste. Al principio puede hacerse más dura. Por eso, conviene preguntar, si se tiene oportunidad, qué artista resulta más fácil y más ameno. No hay por qué convertirlo en un suplicio. Tiene que ser un gozo y un descanso.
En el caso de la música clásica, por ejemplo, es sabido que Tchaikovski es un autor más fácil para comenzar, por la belleza y brillantez de sus obras sinfónicas.
b) Aumentar la cultura artística
La experiencia estética propiamente no depende de lo que sabemos. Pero lo que podemos saber del contexto histórico y de las técnicas del arte nos ayuda a valorar la obra. Por eso, puede ser conveniente leer alguna historia del arte; las hay excelentes; sin embargo, no hay que olvidar que la experiencia estética es propiamente la contemplación de conjunto, no el despiece analítico.
En este sentido, puede confundir la bienintencionada labor que, a veces, realizan los o las guías de los museos. Con objeto de entretener al público y de hacerles más llevadera la visita, cuentan anécdotas históricas de dudosa autenticidad y hacen fijarse al público en detalles pintorescos, que quizá habrían causado la desesperación del artista. Todo lo que sea fijar la atención en una minucia no tiene nada que ver con la contemplación del arte. La contemplación exige siempre ponerse frente a la obra entera, tal como es.
También hay que tener cuidado con los comentarios de los críticos, que podemos encontrar en los catálogos de una exposición o en los artículos semanales de un dominical. El arte es un terreno muy subjetivo y está inflado por la política cultural. Hay una técnica para hablar de las cosas artísticas que no es más que palabrería hueca, sin ninguna substancia. No hay que olvidar la dificultad enorme que tiene lo estético para ser expresado. Cuando alguien se siente en condiciones de hablar demasiado de lo que quería expresar un autor o de lo que contiene una obra, es señal de que dice más de lo que honradamente se puede decir. Son de agradecer los comentarios breves y juiciosos sobre el contexto histórico, datos biográficos o referencias sobre la técnica artística. Lo que pasa de aquí, suele ser incierto. Y no digamos nada si se intenta penetrar en la “psicología profunda” del autor.
En sus famosas Cartas a un joven poeta, Rilke aconsejaba: «Lea lo menos que pueda de cosas estético-críticas: o son opiniones partidistas, petrificadas y vaciadas de sentido en su endurecimiento contra la vida, o son hábiles juegos de palabras, en que hoy se saca una opinión y mañana la opuesta. Las obras de arte son de una infinita soledad, y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica. Sólo el amor puede captarlas y retenerlas y sólo él puede tener razón frente a ellas»[1].
El análisis puede ser un momento de la experiencia estética, pero lo central es la síntesis, la contemplación y el “es bonito, me gusta” que surge.
c) Elegir con libertad y seleccionar
Es lógico que, a medida que vayamos conociendo obras de arte, haya algunas que nos llamen más la atención y otras menos. No nos debe preocupar. Significa que tenemos gustos personales. En eso se manifiesta también nuestra libertad. No tiene por qué gustarnos lo que a todos les gusta y mucho menos lo que impone la moda artística, que suele ser ficticia y efímera.
La oferta artística es tan inmensa, que no nos puede interesar todo. Hay que seleccionar, hay que especializarse, hay que elegir. Podemos tener preferencias, tanto en las artes que cultivamos como en las épocas o artistas que nos interesan más. Así es más fácil conocerlos mejor.
d) Frecuentar
Una característica de las cosas buenas es que no cansan. Al contrario, crean afición. Así sucede con las grandes obras musicales y con la pintura y con la arquitectura y en general con todas las artes. El buen sabor que nos ha dejado una obra de arte, se acrecienta cuando la volvemos a ver. Cuando una obra nos ha gustado, hay que volver a contemplarla. Y es mejor ver una misma obra muchas veces, que ver muchas o ver la misma durante mucho rato.
Cuando entramos en un museo por primera vez, podemos hacer un recorrido general, para localizar lo que nos interesa. Pero es absurdo crearse la obligación de ver siempre, sistemáticamente y con la misma intensidad, todo lo que hay en él. Con eso sólo se logra alcanzar una impresión confusa de todo. La primera vez basta una mirada general y un breve reposo en unas pocas obras que nos hayan llamado la atención. La próxima vez que la veamos, quizá tengamos más contexto y la veamos con mayor agrado. Estas “amistades” que se crean en los museos se disfrutan a lo largo de la vida y desarrollan el gusto. «Hay en Salamanca —recuerda Unamuno— una hermosa ‘Concepción’ deRibera, y tantas veces la he visto, y con tanta calma cada vez, que me la sé de memoria y la he sacado casi todo el fruto que pudiera, y en cambio recuerdo mi paso a la carga por una de las más ricas pinacotecas de Italia, de la que no conservo imagen alguna precisa y clara»[2].
El ideal humano no es el del esteticista, que vive a la caza indiscriminada de experiencias de belleza, acumulándolas sin orden en su vida. Pero no sería plenamente humano quien no supiera vibrar y emocionarse con las cosas bellas: quien no apreciara el esplendor de un paisaje y la fuerza expresiva de un buen retrato, la dulzura de una melodía y la delicadeza de un paso de ballet, el eco vibrante de la palabra poética y el vigor plástico de una prueba de atletismo. Las cosas bellas existen para ser admiradas y amadas; y reclaman de nosotros esa respuesta. Esto forma parte de lo que es la humanidad y las humanidades. «Tres cosas hacen un prodigio —dice Gracián—: ingenio fecundo, juicio profundo y gusto relevante»[3]. Y un antiguo proverbio estético reza: «vel strangulari pulchio de ligno iuvat»: «Hasta para ser ahorcado, ayuda que el árbol sea bello». Siempre que se pueda, belleza en todo. Esta es la opción por la belleza. No por el sibaritismo, sino por el orden, la armonía, la perfección y la maestría.
Juan Luis Lorda
(Extracto del capítulo “La opción por la belleza” del libro Humanismo. Los bienes invisibles, Rialp, Madrid 2009, pp. 92-97).
[1] R.M. Rilke, Cartas a un joven poeta, Alianza, 1990 (6a), 39
[2] M. de Unamuno, La dignidad humana, Madrid 1962 (5a), 109.
[3] B. Gracián, Oráculo Manual, 298, en Obras Completas, Aguilar 1960.





